El lunes pasado, post reunión en lo de Santiaguísimo, llegué a casa, encendí una tuca gris y gastada, y escribí lo que sigue.
El punto en
debate era si la ética había sido anterior o posterior al consumo de la carne,
si lo que parecía ser natural podía después juzgarse o replantarse
culturalmente. Y con una discusión así se ponía en juego la supervivencia de la
especie. Todo entre seis personas charlando con cena de por medio, carne para
cinco, verduras para el otro. Peligraba la especie, pensaban, mientras el mundo
se caía a pedazos. Era como verlos jugar a hacer sapito con piedras en
cualquier laguna tranquila. Seres inertes y estúpidos recolectando pequeñas y
achatadas piedras, las circulares eran mejores, para después asumir una postura
amorfa e incómoda, retraer el brazo hacia atrás levemente flexionado, firme, y
despedirlo hacia adelante con un movimiento de muñeca que acompañaba para por
fin soltar la estúpida piedra y rezarle a los dioses que no existen que
rebote y rebote por la superficie de la
laguna como un cristo saltarín. Era una competencia imbécil. Y mientras el
mundo, a sus espaldas, se caía a pedazos. Más hacia el fondo había una puerta
con una inscripción que rezaba: Los
muertos alimentarán a los pobres, los débiles organizarán festines en el
paraíso.
El edificio
contaba con ocho pisos, dos departamentos por piso, dos ambientes por
departamento, todos los balcones, visibles en la fachada, miraban directamente
al norte. Hacia el sur una línea de edificios que desalineaban al horizonte y
arriba las estrellas. El aire flotaba suave y con parsimonia por fuera de la
estructura de hormigón y ladrillo a la vista, rozaba al edificio en una caricia
erótica, desparramándose por las barras de sus balcones como zigzagueando entre
piernas, chocaba contra ventanas cerradas o levantaba suaves cortinas cual si
polleras livianas. Aire penetrante si los había, aire-pija. Tres plantas de
marihuana se sacudían agitadas en pequeñas macetas, y el vecino del piso de
arriba es policía. Tiene un nene de 4 años, una señora y una gata llamada
Milán. Es joven, no debe llegar a los 30 años, cabo primero, tres años en la
fuerza, cuatro más atrás en la academia: tiene un arma. Y la lleva consigo a
todos lados, a veces incluso cuando no está en servicio. Se va de vacaciones
con su familia y la guarda abajo del asiento del conductor, bien enganchada con
el elástico que sostiene el forro de imitación de cuero que se adhiere al
asiento, esto es: al alcance de la mano. O en la guantera, pero ya no más desde
que la mujer la encontró ahí y supuso, no sin desatino, que como la encontró
ella también podría hacerlo su hijo. Mejor así, abajo del asiento. Aunque
posible, sería menos probable que a su hijo se le cayese un juguete al piso
trasero, rebote indeciso en él y se escapase hacia debajo del asiento del
conductor. Que para colmo su hijo se agachase y estirase para recuperar su
juguete, su mano se topase con un objeto desconocido e indescriptible en la
oscuridad, que uno de sus débiles pero decididos dedos decida empujarlo y justo
lo haga ejerciendo presión sobre el gatillo, para así activarlo y volarse la
cabeza o el pecho en pequeños y rojos fragmentos que nunca más podrían volver a
unirse. Esto es una historia real.
Claro que
eran otra clase, por más mundanos que se presentasen o por más políticas
populistas que aplicasen, seguían perteneciendo a otra clase. Son de la clase
de los que tienen dinero, y mucho. Hay que ver cómo se visten, las cirugías
estéticas que se aplican, el lenguaje que usan, las cosas que saben y que
entienden, las que desconocen. Sigue siendo, todavía una lucha de clases. No
hay identificación posible entre el líder y el pueblo. La brecha es innegable y
la distancia sustancial. Y esto lo decía el de piel más oscura de los seis, uno
de los que comían carne y se cruzaba de piernas para hablar mientras el mundo
se caía a pedazos. La política era un fin en sí mismo. Y a ninguno se le
ocurrió pedir helado. Dulce de leche granizado, mouse de limón, frutilla a la
crema y chocolate con nueces.
Cada tanto se pasaban una botella de cerveza
entre ellos. A veces uno se imponía amable y en un desinteresado gesto
preguntaba si alguien quería más. Entonces tres o cuatro vasos aparecían
posicionados frente a él en un toc-toc-toc
que hacía sonar la mesa de madera cubierta por un mantel marrón oscuro que
hacía juego con las cortinas de las puertas corredizas que daban al balcón. El
balcón era el refugio del burgués. La torre desde la que Rapunzel podría
arrojar sus lacios y rubios mechones, pero no lo haría. Que la chusma mejor
permaneciese debajo, forzada al pavimento y los cruces peatonales. Desde arriba
se veía todo y al mismo tiempo se veía nada, pero por sobre todas las cosas, se
veía todo. A la distancia, a una segura y protectora distancia. La altura era
entonces postura, una situación concreta y objetiva. Ya lo dije, esta es una
historia real. El vecino de arriba todavía llora al cuerpo de su hijo masacrado
que manchó por siempre el tapizado del asiento trasero y que introdujo para
siempre una nueva fragancia a su vida: la sangre seca y virginal de un niño tan
curioso como atolondrado que pensaba en autitos de carrera mientras plomo gris
atravesaba su frente. Y así la vida, diría un amigo. Unos mueren, otros comen
carne. El mundo se cae a pedazos, siempre.
Lo refutable aqui es la estupides de la piedra ahi desatino, pues si es estupida y la rompo, Muere?
ResponderEliminarCamon mader faquers!
no asesinen gente!
no maten a sus hijos!
no maten a sus hermanos!
Vivamos la gloria pagana de vivir en armonia con la naturaleza, tomar lo que ella nos da, ya sea verde y crujiente, jugoso y azucarado o muerto y rebozado.
amense los unos a los otros y amen por demas a todos aquellos contenedores cuadrupedos que estan servidos en el plato de la vida.
Propongo que usemos este tema iniciado por dodomaster, para profundizar en nuestras ideas y pareceres, de una forma mucho mas productiva que face to face, donde por lo general defendemos conceptos sin poder repensarlos bien.
ResponderEliminarAca van los mios.. ¿por que soy omnivoro? ¿por que no soy vegetariano o carnivoro?
Sobre la naturaleza:
- Basado en mis principios anti-autoritarios, considero que la jerarquizacion de la naturaleza emana del pensamiento politico darwinista, es decir, evolucionista, capitalista. En manuales/enciclopedias de hace 20 años, hablaban de la CADENA ALIMENTICIA, estando el humano en la cuspide. Esta es la conceptualizacion hegemonica de la naturaleza al dia de hoy.
Desde otras ideologias, en mi caso influenciado por el anarquismo, considero que los lazos entre las especies estan basados en una relacion simbiotica. En tal caso, la alimentacion, es decir, el ser que se sirve de otro ser, es solo un aspecto de la interacción entre las especies. Aparentemente el desarrollo de un ser vivo es la transformacion fisica y quimica de la naturaleza toda. Nada se desarrolla sin la detrimentacion de algo mas.
Pese a que no concibo la jerarquizacion de la naturaleza, por observacion y por discernimiento natural, digamos por esa capacidad de asociar y diferenciar, veo a los arboles distintos a los yuyos, a las ratas diferentes de los perros, y a las vacas diferentes de las piedras. No jerarquizo, pero no puedo evitar diferenciar. Y por eso de que podemos conceptualizar, agrupo en reino animal, reino vegetal, reino fungi, etc.
Al mismo tiempo, me identifico con los animales humanos, con los cuales establesco lazos mas estrechos que con otras especies. Sucede igual en todo el reino animal. Al menos en la observacion, se ven manadas, jaurias, cardumenes, piaras, etc etc. Seguramente se basa en la reproduccion.
Considero entonces que el animal humano puede accionar desde su etica-moral solo en relacion a los miembros de su especie, con los cuales es capaz de crear lazos simbolicos.
No puede un animal humano, suponer un sistema de creencias que este por encima de toda su especie, y que involucre a la totalidad del reino animal, regulando las acciones particulares de otros animales humanos para con la naturaleza,galaxia, universo, cosmos.. etc.
Hay ejemplos, en donde la etica-moral de un grupo de animales humanos, por imposicion, cumple la funcion de mediar entre la naturaleza toda y otros animales humanos. Sucede con algunas plantas que se prohiben por razones etico-morales ¿por que la prohibicion?.
ResponderEliminarCuando los españoles llegaron a America, prohibiron el consumo de plantas que desde sus valores cristianos, eran paganas, satanicas, inmorales. ¿Esto es correcto? Pienso que independienteme de sus valores, no deberian tener la posibilidad de la prohibicion, y si la concretaron, es porque ejercian su poder centralizado.
Un argumento vegano dice "no comas carne porque alimentas la industria carnicera". Seria como decirle a alguien "no fumes porro, porque alimentas el narcotrafico". Y aca le erraron al vizcachazo, porque en todo caso, no se trata de no comer carne o de no fumar porro, sino de hacerlo todo artesanalmente o mas bien es el "hazlo tu mismo", que propone el anarquismo actual. Y si! me adhiero al "hazlo tu mismo". Planta tus tomates, cultiva tu porro, come tus pollos, construye tu casa.
El veganismo es revolucionario cuando se opone a la mercantilizacion industrializada del reino animal, y es sectario y PROHIBICIONISTA, cristiano y capitalista, cuando quiere regular la conducta alimenticia de todos los animales humanos.
Ejemplifico y exajero para fijar el concepto: Si veo a un hombre violando a otro hombre, mi identificacion para con mi par, con ese animal humano que esta siendo penetrado, me va a llevar a accionar y prohibir dicho acto. Pero si veo al mismo hombre violando una gallina (aunque lo considere un acto dedesnable) no puedo jamas, por mis pricipios ideologicos, limitar su accionar, como si fuera un dios mediador que dice lo que si se puede y lo que no en este inmenso planeta tierra, manejado por fuerzas que apenas conozco.