Lo primero que me gustaría hacer es desalentar estas concepciones generales y abstractas de lo humano, lo animal. No hablemos más que por nosotros. Todas las generalizaciones son de difícil análisis. Vamos uno a uno, a conciencia, yo y el que hable haciéndose responsable de sus propios actos y de lo que fundamenta los mismos. Saquemos por un segundo las etiquetas, el vegano, el omnívoro, la humanidad, etc. Y antes que nada una serie de aclaraciones personales sobre ejes que se plantean en la discusión y que de ningún modo existen en mi discurso. La imposición como medida no tiene nada que ver conmigo. En mi anarquía tampoco se acepta la imposición como método ni como idea pues ciertamente como dije en el anterior apartado, la fuerza como herramienta de poder, el poder como modelo de dominio es lo que más ocupa mis pensamientos, es lo que más anti consumo de carne me hace, así como anti-explotación. Estamos juntos en esta batalla, querido Ned Ludd, en la que la desaparición de los organismos de control centralizados es uno de sus grandes objetivos. En mi anarquía la idea primogénia es el respeto por el otro, ¿qué entendemos por el otro? Toda entidad que me sea externa. Una nueva pregunta: ¿por qué no respetaría al otro? Y yo ensayo una respuesta provocativa: porque el otro no me importa, me parece sustituible, eliminable, ¿por qué? porque es lo suficientemente distinto a nosotros, y lo suficientemente débil como para distanciarnos de él en sentido vertical, hacia arriba y entonces utilizarlo. Un tal Fanon escribió un libro que se titula Los condenados de la tierra. Se trata de un análisis de los fenómenos de descolonización que se estaban dando en África y Asia durante la Guerra Fría, una denuncia contra el abuso del hombre blanco sobre las colonias y los nativos, un llamado a la liberación de cada sometido de la tierra. Los condenados se refieren a los pueblos originarios frente a la aparición absoluta del europeo. El prólogo es un escrito aún mejor de Sartre. En él dice cosas como estas: "como nadie puede despojar a su semejante sin cometer un crímen, sin someterlo o matarlo, plantean como principio que el colonizado no es el semejante del hombre. Nuestra fuerza de choque ha recibido la misión de convertir en realidad esa abstracta certidumbre: se ordena reducir a los habitantes del territorio anexado al nivel de monos superiores, para justificar que el colono los trate como bestias". Exactamente eso es lo que se hace con los animales, ellos no tienen la oportunidad de vivir de otra manera. Se lo somete, se lo mata, se comete un crimen. Lo único que evitaría esta reflexión sería la noción de animal como no semejante. Y entonces volvemos a ese "alguien" que se puso en discusión. Salgamos de la palabra y de las categorías psicológicas que tan desenfadadamente se utilizan sobre la identidad y su construcción colectiva, etc. Todo animal es un ser viviente-sintiente exterior a mí, es un otro, una entidad con vida, con existencia física, que no soy yo, por ende es un otro, una cosa otra con vida y sensaciones que puja por seguir viviendo a todo momento. Evitémonos la discusión lingüística sobre la palabra "algo" o "alguien". Digamos que todos nosotros reconocemos un ser vivo con existencia física exterior a nosotros. Para alimentarse de esa cosa viva, que al ser exterior a nosotros no nos pertenece más de lo que nosotros le pertenecemos a todas las cosas del mundo, hay que matarla y para matarla hay que someterla y la matanza se hace con premeditación y alevosía. Quieren evitarse la palabra "asesinato", no hay problema, digamos que se le somete y se le quita la vida a una entidad sintiente exterior a nosotros. El otro existe, no podemos negarlo, y el animal existe, no somos nosotros, entonces es el otro. Pero vuelvo sobre la premisa: no estoy a favor de ninguna imposición. Creo que en este caso se puede concientizar, informar, develar para que todos puedan elegir. Creo y confío en que la crueldad como eslabón de nuestra alimentación perdería fuerza si se conocieran las condiciones de vida y muerte de los siempre futuros productos cárnicos. Nuestro tan conocido Gary Mister Vegano cuenta el día en que despertó a todos estos conceptos. Estaba en el circo con su novia cuando al final del show lo invitaron a visitar la parte trasera en donde estaban todos los participantes del circo incluyendo a sus figuras animales. Un elefante de gran tamaño permanecía de pie con un grillete en su pata, una cadena y un gran clavo adherido a la tierra. Se movía de lado a lado como nervioso, desestabilizado, confundido. Dicen que los elefantes en estado salvaje recorren grandes extensiones de tierra diariamente. En estado de cautiverio desarrollan conductas psicóticas por las condiciones de confinamiento a las que los tienen sometidos. Y Gary cierra con una frase que dice algo como "cuando uno se topa con la crueldad cara a cara no hace falta que nadie la señale o la explique". Más allá de las consideraciones sobre nuestro amigo adorador de los animales creo que la anécdota y su corolario son muy valiosas y claras. La crueldad es crueldad en todas partes y basta con toparse con ella, observarla. Por eso creo que la información es el camino pues la lucha por el respeto al otro es muy amplia ya que se aplica a todas las cosas. La opción, y sólo hay opciones en el hombre, es dar vida o dar muerte. Entendamos que somos responsables de esta decisión todos los días, con todas las cosas del mundo. Elegir no es una fantasía, mejor dicho, la es en la medida en que no sabemos lo que estamos eligiendo. Pero nosotros, eruditos jóvenes de clase media, no tenemos esa excusa bajo ninguna manga. Somos responsables de nuestros actos, de nuestras omisiones, soy responsable y quiero serlo. Entonces yo elijo no quitar una vida, no someterla cuando puedo evitarlo. El que come carne elije quitar una vida y someterla a sus intereses.
"Ese personaje déspota, enloquecido por su omnipotencia y por el miedo de perderla, ya no se acuerda de que fue un hombre: se considera un látigo o un fúsil; ha llegado a creer que la domesticación de las "razas inferiores" se obtiene mediante el condicionamiento de sus reflejos". De nuevo Sartre sentenciando el pensamiento que está detrás de todo esto: la idea de raza superior. Si dudamos acerca de a qué especie, a qué raza debemos someter o no someter estamos ante el peligro constante de un pensamiento fascista. Bajo qué principios evaluamos la superioridad de una raza por sobre la otra: ¿el lenguaje, la apariencia, las costumbres, las formas de vida?. Todo régimen fascista se basó en la certeza absoluta de la superioridad de su raza (su grupo de pertenencia) por sobre las otras. ¿Realmente vamos a repetir, nosotros que creíamos haber ganado la batalla de las ideas, esas concepciones tan obsoletas e injustas? Los colonizadores no veían más que salvajes, seres más parecidos a los animales que a los blancos hombres, a los indígenas americanos, africanos, asiáticos y los reconocieron inferiores porque pudieron dominarlos. La "raza" aria se consideró superior al resto y con derecho a someter a los judíos por ser una "raza" inferior y desviada. Los pueblos exclavistas no podían considerar a los exclavos más que seres inferiores, animalizados y despojados de todo derecho. Siempre que se impone una idea es porque se postula una superioridad, porque se tiene la fuerza para hacerlo. Si viniese una raza alienígena más poderosa (más fuerte) que nosotros y nos sometiera, se alimentara de nosotros y nos usara para sus variados intereses, ¿no renegaríamos de esta coyuntura, no lucharíamos contra esta dominación, no luchan acaso los animales como pueden, pataleando, golpeando los barrotes, gritando y tratando de escapar a cada momento? ¿Nos parecería justo el uso de la fuerza como argumento para la dominación? ¿No querríamos que nos dejen vivir tanquilos, sin importarnos si somos deliciosos bocaditos o si consideran que nos comunicamos o si nos reconocen como otro o como semejante? ¿Quién son esos putos aliens que vienen con su tecnología a someternos, por qué no buscan otra forma de subsistir que no sea a costa de la vida de otros que quieren vivir y lo harían si los dejaran?
En muchas étnias de pueblos originarios de la región andina se celebra con frecuencia el ritual de reciprocidad con la Pacha-mama. El pricincipal se da en agosto durante la challa. Se le agradece a la madre tierra por lo que le brinda y se la ofrenda con algunos de los productos obtenidos. No todo está sufriendo y muriendo todo el tiempo, hay vida y crecimiento, placer, paz y conmoción. Lo otro es una mentira de diario Clarín, una tergiversación que sirve para el panorama que planteaste a continuación, señor Ludd: "El dolor y la muerte son parte de la naturaleza, de echo todo esta muriendo y sufriendo constantemente. Por lejos de hacer un juicio de valor sobre si esta bien o mal, lo acepto, como que el sol calienta". Y yo digo, come on, men. ¿Realmente eso es lo que querés decir? ¿Por qué no harías un juicio de valor, por qué lo aceptarías tan ligeramente?
Y ahora al extraño señor Nos: "los humanos y los animales tenemos los mismos derechos????? donde dice eso? es una mera construcción cultural que estas haciendo vos ahora los derechos son atributos humanos". Y esto último, "los derechos son atributos humanos". Grave error. Grave, grave error. Peligroso error. El humano no es el que otorga derechos, pensé que habíamos logrado terminar con la idea del dios-hombre. Todo lo que existe tiene derecho a existir, tiene derecho a defender su propia existencia, existe y pugna por seguir existiendo por lo que nadie tiene derecho a tomarse el atributo de decidir sobre el otro. La palabra derechos no debería existir, existe porque hay una idea implícita en su existencia: la voz latina directum significa «lo que está conforme a la regla, a la ley, a la norma». Las reglas, las leyes y las normas las dicta "un" hombre, no "el" hombre. ¿Bajo qué ideas dicta esas leyes? Y entonces ya no podemos confiar ciegamente en el derecho. El hombre legisla sobre las cosas porque así las regula y las regula porque puede apropiárselas, poseerlas para luego disponer de ellas. No existe el derecho, menos en manos de una especie, existen variadas formas de vida, existencias particulares y colectivas que habitan el planeta. Nadie puede legislar sobre el otro, pues el otro no me pertenece. Esa es otra lucha que en mi anarquía está ganada. No existe la propiedad privada, no puedo apropiarme del cuerpo del otro, no me pertenece, debo reconocer su derecho a la vida, debo entender que ese simple hecho, el de estar vivo, el de habitar el planeta lo convierte en un par, en un semejante, en un ser que nació libre y libre quiere permanecer más allá de mis deseos devoradores y mis ideas de progreso evolutivo.
"(...) estamos hablando de ver a un animal humano matando una gallina y persuadirlo a que no lo haga. Eso es facho, universalista, totalitario. ¿Y donde queda la anarquia cuando para defender a la gallina hay que someter al animal-humano?. Imponer al ser humano que rompa la barrera que lo identifica con otros humanos, es como pedirle a un perro que haga manada con los conejos". ¿Se somete al humano cuando se evita la muerte de una gallina? ¿Qué tipo de sometimiento es ese? ¿Evitar un crimen es facho, universalista, totalitario? ¿Entonces el hombre que mata al indefenso se convierte en víctima al no hacerlo? No estoy de acuerdo, no me parece válido el razonamiento. Por otro lado habría que tener cuidado con los humanos a los que nos queremos parecer, identificar. Rechazo gran parte de mi herencia humana, la desestimo. Y rechazó, combato con toda la cultura opresora que el hombre a llevado adelante. No quiero pertenecer a esos humanos que oprimen, que matan, que someten. No considero que eso nos identifique como "humanos". Sí es cierto que identifica una gran porción de los llamados humanos pero yo prefiero identificarme con otros de mi especie, los que no matan, ni torturan, ni someten, los que luchan por evitar que se mate, se torture, se someta, los que pueden empatizar con el otro, los que respetan todas las cosas que existen, los que no pretenden poseer.
El punto central de todo este apartado: yo, h, ser conciente y responsable de sus actos individuales, no quiero imponer nada, menos un pensamiento. Quiero que todos conozcan y entiendan de dónde vienen las cosas que se consumen, qué es ese trozo de carne tajada que tan fácilmente aparece en la góndola del supermercado, falsamente roja y perfumada, cuando debería ser violeta y nauseabunda. Cómo la suma de esos fragmentos de ser descuartizado se suman para formar un ser con vida que quería seguir viviendo y no lo logró porque alguien decidió acompañar su ensalada con un rico pedazo de su cuerpo. Quiero que se sepan las condiciones reales de explotación de los animales en manos de las grandes, medianas y pequeñas industrias cárnicas. Quiero que se vuelva a pensar un modo alternativo de relacionarse con la naturaleza toda. ¿Acaso la única opción es ser crueles, someter y destruir? ¿Es tan difícil pensar en otra manera de habitar el mundo, de agradecer y respetar a la madre tierra como lo hicieron los pobladores originarios, los únicos que deberían estar habitando estas tierras si no fuera por la sed de poder y sangre de los blancos? ¿No somos nosotros herederos de esa concepción del mundo colonizadora, apropiadora, expansionista? No lo somos de la tradición andina, ellos han perdido la batalla hace tiempo, ellos agradecían y respetaban. Nosotros, hijos del blanco colonizador, ¿vamos a continuar con su herencia cultural o vamos a entender de una vez por todas que no somos dueños de la tierra sino habitantes como todos los demás?
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