Habían pasado cuarenta minutos desde que me trague el caramelo. No estaba ansioso como otras veces, estaba tranquilo. Sabia que estar expectante era una traba que se podía convertir en un martirio, pasajero! pero intenso! y no quería eso.
Empece a sentir los primeros efectos, y como el inicio suele ser incomodo, me arme un porro, que empece a fumar de inmediato. Placer puro! el cuerpo tibio y la mente clara. Sensación tras sensación de regocijo.
Estaba acostado, mirando el techo en silencio, y los rayos del sol entraban por la ventana junto con un viento cálido de primavera. Las cortinas parecían un pulmón gigante, se movían con armonía, casi matemáticamente. Nunca había reparado en como sopla el viento, pensé que si me quedaba observando el movimiento de las cortinas, podía advertir un patrón en la corriente del aire. Pero estaba imposibilitado para esa tarea.Las ideas se sucedían una tras otra, rapidísimo, de forma incontrolable.
Estaba acostado, mirando el techo en silencio, y los rayos del sol entraban por la ventana junto con un viento cálido de primavera. Las cortinas parecían un pulmón gigante, se movían con armonía, casi matemáticamente. Nunca había reparado en como sopla el viento, pensé que si me quedaba observando el movimiento de las cortinas, podía advertir un patrón en la corriente del aire. Pero estaba imposibilitado para esa tarea.Las ideas se sucedían una tras otra, rapidísimo, de forma incontrolable.
Me incorpore en la cama, y apoye la espalda contra la pared, en una mano tenia el encendedor y en la otra el porro apagado, apenas fumado. Le di una seca mas, y lo apoye en la mesa. Mi cuerpo estaba liviano, extremadamente relajado. Levantaba la mano y la dejaba caer sobre el colchón como si no fuera mía. Me acosté otra vez, boca arriba, con la cabeza inclinada a la derecha, los ojos mas abiertos que nunca y el cuerpo paralizado. Podía moverlo, pero no quería, me gustaba así. Estaba inmóvil, petrificado.
Una idea me atravesó como si fuera una revelación, y estalle en una carcajada bestial! me reía sin pausa, sin tomar aire. No fue una reflexión, simplemente apareció completa, de cabo a rabo:
La imagen de un indígena en éxtasis, desnudo, tirado en la tierra, con los ojos blancos, y un corte estilo taza, se me hizo presente. Ya la había visto varias veces en un libro. El epígrafe de la foto, daba cuenta que la persona había esnifado yopo (semillas de cebil colorado, tostadas y trituradas a polvo, que se mezclan con ceniza) y estaba en estado de trance. El yopo tiene bufotenina, pero ademas DMT, sustancia también presente en la Ayahuasca ( Banisteriopsis caapi + Psychotria). Ambas triptaminas.
La risa había sido disparada por esta idea: Los hippies estaban equivocados! la compleja interpretación occidental, entre psicológica y espiritual, del significado de la ayahuasca ("liana de los muertos", "soga del ahorcado"), como una bebida que permitía vivenciar la muerte del "yo" o el paso del alma al otro mundo, y de ahí su nombre, me pareció ridícula! Estaba claro,por mi situación, por mi estado de parálisis corporal (voluntaria), que los indígenas se referían simplemente a lo que observaban: un cuerpo tieso, extatico, muerto. Pensé que cualquiera que me viera en ese estado de quietud, haría espontáneamente un comentario obvio: "parece que esta muerto". Y supuse que los indígenas lo hicieron, y rápidamente encontraron un concepto para ponerle nombre al brebaje. Era algo simple!. Nada tenia que ver con la interpretación occidental de la muerte.
Esto no es cierto ni gracioso en esencia, pero en el segundo que se manifestó la idea, toda junta, sin continuidad ni armado temporal, me disparo a reírme sin parar.
La risa y la química, de eso iba a hablar. Cuando nos reímos, nuestro cerebro esta liberando serotonina, supongo que por esto, la llamaron "molécula de la felicidad". Es lo que regula nuestro humor, el estado de animo. La psilocina es casi idéntica a la serotonina, como si fueran llaves de distinto color y material que abren las mismas cerraduras.
Los doctores liberales tienen un concepto del ser humano bastante pobre. Lo arrastran desde la conquista. El medico del rey de España, Francisco Hernandez, lo anoto: "cuando se comen, no causan la muerte, sino la locura, que en muchas ocasiones es permanente; su síntoma es una especie de risa incontrolable". Cuanta mentira y desinformación!, pero me alivia creer que el rey, pese a toda su riqueza y poder, gracias a su medico, se haya muerto sin usar (no digo probar) la psilocina. Y misma suerte tuvieron y tienen muchos otros ricos y poderosos!. Insisto: la experiencia triptaminica es una perla de la contra cultura, un tesoro de los oprimidos.
Ned Ludd.
Me pareció increíble lo que narraste, lo que experimentaste. Pienso, sin embargo, y más que nada a partir de tu publicación anterior, en el producto. Que casi como en un silogismo, hay cultura, luego contracultura, y otra vez cultura. Si ese "tesoro de los oprimidos" se vuelve verdad, hay entonces cultura, y pensamiento, y lenguaje y sosten empírico (aunque también lo podríamos llamar espiritual o sensitivo). No creo, sin embargo, contradecir ni chocar con lo que escribiste. Concuerdo, pero creo que podré decir más (o mismo quizás sí contradecirte) una vez que viva una experiencia similar.
ResponderEliminarp.d. "Cuanto menos ha aprendido uno por experiencia, más crédulo es. Sólo los ricos pueden sobrevivir siendo inexpertos", del pibe Bertolt Brecht.
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