El título de la entrada signa el tema. Su sentido o explicación inaugurando este blog con ustedes es nada más que una cuestión que vengo estudiando y analizando desde hace un poco más de un año, aunque probablemente sea algo que vengo arrastrando desde que empecé a leer con interés a los 13 años. En fin, ideas, posturas, ahí les van...
Estaba
pensando. Y así comienza esto que escribo. Esto que escribo porque puedo
escribirlo. Que no debe olvidarse que es un escrito. Y que soy yo. Esto
escribo.
Estaba
pensando en mi continuo y absoluto interés en la literatura y los temas
literarios. Pero entiéndase la literatura como forma de vida, como la vida. No
hace mucho escribí un texto* que postulaba que la literatura posibilita a la
vida, que efectivamente, la realidad imita al arte, y que la literatura es la
expresión suprema y absoluta en cuestiones artísticas: no hay arte sin
literatura. Pero más que nada, no hay vida sin literatura, sin ella no es
posible. A partir de esto, no puedo sino basar, analizar y reconocer mi vida
sino a través de la literatura, de su análisis y poder creativo (entiéndase creativo en el sentido más concreto de la
palabra, el o lo que crea). Así entonces, la literatura se presenta como
origen, el origen. La postulación y
explicación absoluta del universo y por ende su realidad o conjunto de las
mismas. La historia como narración, el hombre como personaje, la comunicación
como lenguaje (¡el lenguaje cómo y en
tanto que lenguaje!), los sentimientos hechos poesía, poesía cero, las
ideas como narradores, los hechos postulados escenas. Todo atravesado por una
materia literaria que supera cualquier idea de adoración, como podría serlo con
la religión, o explicación científica, como lo sería el pensamiento cartesiano.
Una, no postura, sino esencia y naturaleza de la realidad. Y cuando digo
realidad me refiero a la realidad más concreta, a la que supera cualquier tipo
de alteración de la misma o de intervención en una distinta. Acepto estas
últimas, las considero tanto necesario el acceso a las mismas, como su carácter
de real. Pero hay una realidad que no
tanto la supera, sino que se presenta como irreductible. Como la realidad de
una mano, saberse poseedor de una mano, se la llame como se la llame, se la use
como se la use, y se la reconozca como se la reconozca, pero cuyo reconocimiento
sea innegable, ineludible eventual y sistemáticamente.
Entonces
ahí la literatura y ahí yo. Yo que si escritor en tanto hombre, o quizás hombre
en tanto escritor. Escritor de formas de reconocimiento y sentimiento de la
realidad, de su expresión, de su puesta en escena tanto en las acciones, como
en los recuerdos o el pensamiento. Escena de ideas, de nombres, de
acontecimientos pasados y presente estancado, de sentimientos y sensaciones
atravesadas o por un inconsciente colectivo absoluto o por un lenguaje propio y
único definido en el núcleo de la naturaleza del hombre, etc. Entonces
escritor, y luego hombre. Hombre porque escritor. Así, si el universo es
literatura, entonces no puedo pensarme ni reconocerse desde otros términos que los
de la misma literatura. Por eso leerla, pensarla, analizarla, ¡ponerla en
práctica! Definirla como forma de vida, no tanto desde la filosofía, sino también
en los términos políticos, económicos y sociales más concretos. Por eso la
elección, el interés. Por eso nunca supe por qué escribía, para qué escribir.
Toda la historia de la humanidad, y también la anterior (en tanto historia),
toda su forma y contenido de realidad, que posibilitan la ficción que es la
existencia, se presentan, ¡se realizan desde y a partir de la literatura!
¡Y cuánto más estúpido suena, más evidente se hace!
¿Cómo explicar sino esta ilusoria existencia condenada a la finitud (¡y por
sobre todo al reconocimiento y aceptación de la misma!)? ¿Cómo darle orden al
caos sino a través de la idea de que algo puede ser descripto, y narrado, y
explicado, y hasta experimentado a partir de la comunicación, que no es más que
el lenguaje en pos de una historia, una ficción (porque ningún relato soporta
la verdad)?. La literatura y sus cuestiones dan forma al todo, mismo a las
realidades alternativas capaces de alcanzar.
No puedo sino pensar en otra cosa. Leo todo el
tiempo. Escribo siempre, tanto en papel como en palabras en el aire, pensadas,
también dichas. Pensar que todo esto que escribí lo pensé primero. Estaba
pensando. Y me puse a escribirlo. Estaba pensado, y así comenzó mi escrito.
14.10.14
*(el texto que menciono más arriba)
Las formas, el contenido de la
ficción irrumpe en la realidad. Lo cual es otra forma de decir aquello que
expuso Wilde: que la vida imita al arte. Y yo soy escritor. Y hombre. La
cronología me impide negar qué fui efectivamente primero, pero tiendo al
anacronismo. La historia entera de la humanidad es un anacronismo. Poco suele
importar, o significar, que un hecho haya sucedido a otro. No puedo pensar nada
del pasado sin antes reconocerme habitante de un presente que marca y define
ese mismo pensamiento. La historia de la humanidad no se escribe hacia
adelante, es justamente al revés. Es como encontrarse con una edición hebrea de
la enciclopedia humana que, para mis ojos occidentales, comienza en la última
página y se lee de derecha a izquierda, desde la base de la página hasta su
parte superior. Entonces soy escritor primero, luego hombre. Por eso la vida
imita al arte, porque la continúa, sencillamente, viene después. Es cierto que
no necesité escribir estas palabras para entender lo que acá descifro. No, eso
fue anterior. Pero debo aclarar, afirmar, que la literatura no es sólo palabras
escritas, símbolos coordinados en pos de una ilación de contenidos y sentido.
No, la literatura, el arte, es anterior a toda forma, a todo sentido. Si bien
tampoco es estrictamente sensible, es la piedra fundante de todo ser humano. En
mi caso, ya lo expuse, soy primero escritor, luego hombre. No hay idea o
sensación alguna que en instancia primera no sea artística, en el sentido más
duro de la palabra. No hay acción humana sin condición literaria. Y no quisiera
sonar detractor, sino simplemente justo, pero no hay arte que no sea literario.
Sabrán disculparme o condenarme los músicos, los artistas plásticos, todos. No
hay arte sin literatura, no hay vida sin literatura, el resto es lo antihumano,
lo concreto tangible, lo ordinario. La literatura, y no hablo de Homero,
Cervantes o Joyce, es la razón primera, la excusa del universo en expansión. Se
mire hacia adelante o hacia atrás, lo único que se encontrará serán historias
escritas con semen y con sangre. No hay individuos, hay personajes. No hay
ideas, hay narradores. No hay sentimientos, hay poesía. No hay hechos, hay
escenas. No hay realidad, hay literatura. La único que hizo posible toda
creación o desarrollo humano fue el lenguaje, antes del lenguaje no había nada,
nada humano. Y qué es el lenguaje sino la literatura puesta en acción. El
pensamiento no es acción, la sensación tampoco. Ambos son lenguaje traducido,
hecho comunicación, ya sea hacia un otro o hacia uno mismo. Y como lo único que
puede comunicarse son historias, ficciones, porque la verdad no existe,
entonces lo único que puede comunicarse, y por lo tanto crearse, es literatura.
Quizás, entonces, pueda corregirme, y corregir a Wilde: la vida no imita a la
literatura, la literatura posibilita la vida.
27.09.13
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